Durante los últimos 30 años , hemos presenciado como, siguiendo la tenencia mundial, se ha producido un aumento notable en la producción lechera que referida al rendimiento individual por vaca, prácticamente se ha duplicado y en algunos casos triplicado, derivado de diversos factores que se han conjugado integralmente:
1. Genética. Los modernos sistemas de evaluación genética y cruzamientos han permitido desarrollar vacas con un alto potencial productivo y por tanto con mayores requerimientos nutritivos y de manejo.
2. Nutrición. Los mayores conocimientos fruto de la investigación, han llevado a una mejor evaluación de los contenidos nutritivos de los alimentos y con la ayuda de programas computacionales, diseñar mejores dietas de acuerdo a estos mayores requerimientos.
3. Sistemas Productivos. Derivado de los desafíos económicos y la necesidad de competir por rentabilidad con otros rubros y mercados, se ha evolucionado a sistemas mas intensivos en el uso de los diferentes recursos productivos. Así especialmente en la zona central hace tiempo se ha derivado de un sistema con base forrajera de corte o pastoreo (leguminosas) hacia cultivos que aportan mayor cantidad de nutrientes (energéticos) por unidad de superficie (ensilaje de maíz) para formar parte de raciones completadas con gran aporte de concentrados (granos y subproductos)
Dado que en general, el costo de alimentación constituye alrededor de un 50 % del ingreso de una explotación lechera (actualmente se acerca al 60 %) y siendo determinante la eficiencia productiva de la vaca a través de su productividad, sanidad y fertilidad, se justifica la atención que se debe poner en suministrar raciones bien balanceadas sin descuidar el contexto económico costo/beneficio; ello implica elaborar raciones que aporten lo requerido dentro de un balance adecuado, evitando tanto factores limitantes, así como excedentes que puedan encarecer innecesariamente. Esto es de vital importancia sobre todo en estos momentos críticos de precios en que se debe hilar muy fino cuando prácticamente no quedan márgenes.
Uno de los componentes de la nutritivos fácilmente identificable sobre el que se ha vertido gran esfuerzo e intereses es lo correspondiente a la suplementación mineral que puede llegar a afectar en cualquiera de las dos formas antedichas. Es así como se han desarrollado diversas formulaciones para cumplir con situaciones particulares, con la inclusión de ellos en nuevas moléculas que facilitarían una mayor eficiencia de absorción.
De los inicios de la nutrición, dos macrominerales: Calcio y Fósforo fueron los primeros considerados en estudiarse su importancia y requerimientos por ser macrominerales y estrechamente relacionados en la formación del tejido óseo, aparte de otras funciones que cumplen en el organismo. Es así como en referencia a fósforo, desde mucho tiempo atrás se determinó que situaciones de severa deficiencia (menos de 0,2 % en la ración) presente en alimentaciones basadas en pastos de baja calidad, afectaba los parámetros reproductivos, por lo que se le otorgó gran importancia. Sin embargo, no hay evidencias que alimentando fósforo en exceso de los requerimientos (0,35 %) , se mejore la fertilidad. Por otra parte, el organismo adapta sus mecanismos de homeostasis, en base a sus requerimientos y el contenido de la dieta, de forma que ante un exceso en la dieta, disminuye la absorción y aumenta su excreción.
El cambio de sistemas alimenticio producido, necesariamente ha introducido diferencias en los requerimientos, ante la antigua abundancia en forrajes de leguminosas, con alto contenido en calcio y bajo contenido en fósforo (Ej: Alfalfa = 0,2 % ) constituía de prioridad preocuparse de este último, en cambio las raciones actuales mas en uso, menores en alfalfa y alta participación de granos y subproductos aportan gran cantidad de fósforo.
Cuadro 1.
Dieta típica zona central (Chile) con sus aportes Calcio (Ca) y Fósforo (P). Antes de la suplementación mineral
Requerimientos para una vaca de 45 lts. (NRC)
Fósforo absorbible para diferentes fuentes se estiman en:
Alfalfa 65 %
Maíz silo 80 %
Concentrados 70 %
Fosfato dicálcico 75 %
Así vemos que el gran deficitario en la ración es el mineral calcio, y en caso de dar menores cantidades de alfalfa como en algunas situaciones, en que se proporciona heno o ensilaje de gramíneas, este déficit se hace mayor.
Se ha determinado que en fósforo, un aporte sobre 0,32 % dietario, no induce mayores beneficios, ni en producción lechera, ni fertilidad, en todo caso las recomendaciones son hasta 0,40 %. y un máximo de 1 %.
Según exámenes realizados en dos lecherías de la zona central (chile), que no reciben aporte extra de fósforo en la ración , se obtuvo lo siguiente:
- Análisis nutritivos de la ración completa, dieron un contenido de 0,41 % y 0,52 %.
- Perfiles metabólicos realizados para valores de fósforo, dieron valores de 1,7 y 1,6 mgr/ml.
Valores normales se consideran entre 1,1 y 2,3 mgr/ml.
Relación Calcio/Fósforo en la ración: Las recomendación es mantener al menos una relación Ca/P cercana a 1,5/1 . Al aportar mas fósforo a la ración, obligaría a subir aún mas el calcio para mantener esta relación. De hecho, la mayoría de las dietas utilizadas en la zona central, deben adicionar CaCO3 aparte del calcio incluido en las sales minerales comerciales utilizadas.
Por otra parte y no menos importante, las preocupaciones medioambientales exigen un manejo cuidadoso de estos elementos, ya que hay advertencias del riesgo potencial que los excesos de fósforo sobre todo en grandes concentraciones de animales, finalmente lleguen a causar procesos de eutrofización de fuentes de agua.
Con respecto al resto de minerales que participan en una nutrición equilibrada, es necesario de igual forma realizar revisiones de aportes y requerimientos para asegurarse estar empleando fórmulas acordes.